DISCURSO CONMEMORATIVO AL DÍA DEL DOCENTE
(Leido en el acto Único realizado en la Escuela)
Sra. Rectora, Sra. Vicerrectora; Sra. Jefa de Preceptores, Colegas, Sres. Docentes, Personal Administrativo, Sres. Padres; Alumnas y Alumnos.
En este encuentro donde conmemoramos el “Día del Maestro” y el “Día del Profesor”, quiero rendir mi homenaje a los principales referentes de la Educación Argentina, Domingo Faustino SARMIENTO y José Manuel ESTRADA.
Recordemos, entonces, las más destacadas enseñanzas del polifacético y laborioso Sarmiento.
De su prolífica obra literaria, basta con mencionar su “Facundo” o “Recuerdos de Provincia”. Esa lucidez que maravilló a propios y extraños, llegando a inspirar y cautivar a escritores de la talla de Louis May Alcott, la autora de la memorable novela “Mujercitas”.
Como militar, tuvo una destacada participación en la Guerra por la Independencia, junto a Belgrano y San Martín.
Como ciudadano, combatió el despotismo, sufriendo por ello el exilio y la proscripción.
Como político, ejerció todos los cargos públicos con honradez y austeridad, buscando siempre el progreso nacional.
Pero este hombre contradictorio, que en un exceso verbal llegó a decir que “donde empieza el guaraní termina la cultura”, supo rectificar su error, en un gesto de grandeza, realizando un verdadero acto de desagravio al decidir terminar sus días en el Paraguay, luego de firmar la Paz de la absurda Guerra de la Triple Alianza o Triple Infamia. Quien les habla, un hijo de paraguayos, reconoce en Sarmiento al gran estadista que abrazó la causa de la Educación como política de Estado y admira su magistral ejemplo de docencia en el reconocimiento del error, digno de ser tomado en cuenta por aquellos ególatras de las cátedras que se creen dueños de la verdad.
Por eso debe ser recordado, porque, detrás de ese rostro adusto y esa férrea personalidad, se escondía un hombre sensible, humilde, generoso y tenaz; que luchó, amó y vivió con pasión, honorabilidad y sencillez.
¿Cómo no recordar, también, a Estrada? ¿Cómo no recordar la intelectualidad, la hondura, la voluntad, la fe de este apóstol sin mancillas? Como fiel discípulo del más admirable Maestro, Jesucristo, comprendió y ejerció su misión evangélica, fermentando la masa, siendo luz que ilumina las mentes, pero practicó su fe a partir del respeto y la tolerancia.
Decía: “Nada ennoblece tanto a un hombre, después de la paternidad, como el cultivo de un espíritu y el fortalecimiento de un alma en la Verdad y en el deber.”
¿Cómo no recordar al auténtico político?. Aquél que supo armonizar su fe con sus principios cívicos, éticos y democráticos. Como ciudadanos, es nuestro deber emular la vocación democrática, la decencia y el patriotismo de José Manuel Estrada, priorizando los altos intereses de la Nación y salvaguardando nuestras libertades y derechos con abnegación, compromiso y esperanza.
Finalmente, ¿cómo no recordar al profesor? Aquél que desde su cátedra o su banca, promovió la Educación Popular, integral; libre y gratuita.
En los últimos años, cada 11 de septiembre se observa que el Día del Docente fue perdiendo importancia para algunos gobernantes y Medios de Comunicación Social, desplazándolo a segundo plano el atentado a las Torres Gemelas. Quizá el destino permitió que ese hecho desgraciado nos hiciera reflexionar sobre el nuevo escenario mundial; sobre los nuevos desafíos y el papel central de la docencia, en la fragua de ciudadanos consustanciados con los Valores Universales de Libertad; Justicia; Paz y Solidaridad.
El docente del siglo XXI seguirá siendo indispensable para enseñar a gestionar estratégicamente los conocimientos científicos, formar ciudadanos morales y éticamente comprometidos, yendo más allá de las técnicas pedagógicas y vivenciando en ellos y en sus estudiantes principios superiores dignificantes de la condición humana.
Hoy, a las múltiples responsabilidades conocidas impuestas a los educadores, se le suman nuevas.
Debe lidiar contra el desinterés; la desnutrición; el embarazo adolescente; las tribus urbanas; el inteligible léxico y nuevos códigos de los jóvenes; la sobreedad; repitencia; abandono y violencia escolar.
Debe resistir el acoso de padres intolerantes; destituciones arbitrarias; préstamos usurarios; leyes de Educación inconsultas, legitimadas por gremialistas abyectos y con parodias de asamblea.
Debe soportar un nefasto sistema de transporte y debe aguantar estoicamente la incomprensión; la ingratitud; el menoscabo; la imposibilidad de acceder a cursos arancelados; la insolvencia económica y hasta la mofa de quienes realizan anuncios grandilocuentes de aumentos salariales que se materializan, con suerte, al año siguiente, cuando la canasta básica de alimentos pulverizó esos pocos pesos.
Nos queda construir en la Esperanza. Decía Paulo FREIRE: “Mi sueño es lograr la unidad en la diversidad. Con esta unidad en la diferencia es que seremos capaces de enfrentar a los que nos dividen para poder mandar. (…) Estamos convencidos de que el momento histórico de América Latina exige de sus profesionales una seria reflexión sobre su realidad, que se transforma rápidamente, de la cual resulte su inserción en ella. Inserción que, siendo crítica, es compromiso verdadero. Compromiso con los destinos del país. Compromiso con su pueblo. Con el hombre concreto".
Vaya, pues, nuestro reconocimiento a todos aquellos que sorteando las dificultades y superando el desánimo dejan sus vidas en las aulas movidos por su vocación, honrando con su testimonio de vida personal y dignificando la venerable labor de cultivar las mentes y los corazones.
Vaya, también, nuestro reconocimiento a todos los involucrados en la magna causa de la Educación, en las personas de:
los Docentes brillantes; intrépidos y valientes como nuestros rectores Gastón DACHARY y Agustín ALVARENGA; quienes desafiando a los poderosos de turno han prestigiado a nuestra Escuela imprimiéndole carácter y dignidad;
las Autoridades Educativas como Pablo PIZZURNO y el Dr. René PÉREZ;
los Nobles políticos y gremialistas que han defendido los reclamos y derechos de los Trabajadores de la Educación, como Alfredo BRAVO, Ángel PISARELLO y Felipe RODRÍGUEZ ARAYA. Estos dos últimos, mártires de la pasada dictadura militar, que ahora son acompañados en el martirologio por Teresa RODRÍGUEZ y Carlos FUENTEALBA.
Aquellos que sin ostentar un título docente trabajan con tesón por salvaguardar la Escuela Pública como nuestra fundadora, Doña Clotilde GONZÁLEZ de FERNÁNDEZ;
y finalmente, nuestros estudiantes representados en nuestro alumno “Manucho” PARODI OCAMPO, secuestrado y asesinado en la “Masacre de Margarita Belén” y tantos honorables docentes y educandos que nos iluminan con la Flamma Indeflexa del saber, para señalarnos ese camino de progreso y ese destino de gloria que supieron conseguir.
Como corolario, hago mías las palabras del pedagogo mexicano José VASCONCELOS CALDERÓN:
“Maestros son quienes se apresuran a dar sin reserva el buen consejo, el secreto recóndito, cuya conquista acaso ha costado dolor y esfuerzo. Uno que ya pasó por distintas pruebas y no ha perdido la esperanza de escalar los cielos, eso es un maestro. Si somos justos, si somos intransigentes con la maldad y enemigos jurados de la mentira; si borramos de nuestra conducta la palabra transacción, si no transigimos ni con la verdad a medias ni con la justicia incompleta, no con la fama usurpada, entonces seremos verdaderos y ejemplares maestros”.
¡MUCHAS GRACIAS Y FELIZ DÍA PARA TODOS!
HUMBERTO OMAR CAPLI BENÍTEZ
Preceptor
Posadas, Misiones, 10 de Septiembre de 2008.-
Sarmiento, por Belgrano Producciones
Su mejor Alumno - Enrique Muiño







































































